El gusano del mezcal

Entrevista

¿Cómo surgió la historia?

Tras finalizar mi primera novela, Tela de argiope, dediqué algún tiempo a escribir relatos cortos y también un guión de cine, Por un momento el tiempo. Este último proyecto lo realicé animado por un buen amigo, tan convencido de los fines como ingenuo respecto a los medios, que rodaba cortos y quería dar el salto a los largometrajes. Fueron sin duda trabajos en los que puse la máxima exigencia y que me ayudaron a crecer como escritor, pero echaba de menos volcar todo lo aprendido en una novela de verdad, pues me di cuenta de que los relatos cortos se me quedaban con frecuencia demasiado cortos. No sé si a otros narradores les sucede lo mismo, pero yo necesito creer en lo que escribo con la fe de un enamorado y no encontraba una historia digna de mis ganas. Hasta tal extremo llegaba mi urgencia que, parafraseando a Shakespeare, me escuché gritar: ¡Mi reino por una buena historia! Ahí encontré el hilo de la madeja. Alguien capaz de comprar historias me pareció un personaje fascinante y sobre Eliseo Varela se construyó el resto de la novela. Lo demás es pura invención, horas de trabajo, más de una noche en vela y más trabajo.

¿Augusto es un superviviente?

La vida de Augusto Cons naufraga desde el momento en que muere su mujer y, de repente, encuentra su confortable futuro convertido en un largo vacío de nostalgia y soledad. Por eso, como náufrago que es, sobrevive con lo que le ofrece el día; su material para respirar, lo que le sirve de amarre a la existencia, es sobre todo su bonhomía. Se trata de un hombre fundamentalmente honesto que antepone siempre sus principios a sus intereses, que reconoce sus limitaciones y acaso desconoce sus virtudes. Ahora bien, como aquel que nada teme porque lo ha perdido todo, es también radical y poco previsible. Augusto es un superviviente en la medida en que su principal bagaje es que ya no tiene nada que perder y por tanto cada instante añadido resulta un regalo. Son carencias existenciales que no descubrirá hasta que conoce a Eliseo Varela, una vela a punto de extinguirse y a pesar de ello capaz de prender su cabo apagado por la falta de oxígeno. Nuestra sociedad actual está llena de supervivientes, pero tampoco he pretendido que Augusto Cons fuese un arquetipo.

¿Y Eliseo? ¿Un nostálgico que quiere cerrar todo el círculo vital?

Eliseo Varela es indefinible como todo vitalista consumado y, por eso, si algo echa de menos es el tiempo en el que podía ocuparse de vivir sin más problema que el presente. No creo que haya en él el menor asomo de nostalgia por el tiempo pasado, aunque desde luego sí un afán de cerrar alguna faceta inconclusa de su existencia. Es un hombre que, a diferencia de Augusto, logró sobreponerse a las circunstancias que le tocaron y lo hizo aspirando la vida a pulmón lleno con un coraje brutal. Representa, en ese sentido, una manera opuesta a la que tiene Augusto para enfrentarse a los reveses de la vida y, tal vez por esa dialéctica, la relación entre ambos funciona tan bien.

Como escritor, diré que Eliseo Varela resultó para mí un personaje entrañable con el que llegué a mantener incluso una relación extraliteraria, pues se convirtió en una especie de padre, psicólogo y amigo capaz de orientarme tanto en la vida como en la literatura. Las partes de la novela en las que él aparece, aun siendo probablemente más complejas, me resultaron más sencillas de escribir porque sentía que la responsabilidad era compartida. Eso cuando no tomaba él directamente las riendas, contradiciéndome cada vez que le venía en gana. Lloré su muerte como la de un íntimo.

¿Por qué cada día una historia?

Eliseo, y esto se deja ver a través de la carta que pone fin a cada capítulo, no engaña a Augusto sobre cuestiones fundamentales, pero sí le oculta varios detalles importantes de la relación. En principio, Eliseo pone el anuncio en prensa solicitando historias para distraer sus tardes solitarias charlando con alguien imaginativo. Luego, decide mantener esa pequeña farsa para despistar a Augusto respecto a sus verdaderos propósitos. Un sentido añadido era profundizar en el acto mismo de la creación literaria, desde la búsqueda de una historia digna de ser contada hasta el esforzado empeño por construirla frase a frase, temas que por razones obvias me tocaban muy cerca. Esa perspectiva metaliteraria, por otra parte, es un recurso frecuente en la novela del siglo XX. Además, el detalle de la historia diaria para sobrevivir me pareció un guiño simpático a Las mil y una noches.

¿Tanta ceremonia, tanto ritual comporta beber mezcal?

Yo nunca había probado este licor antes de comenzar este libro, y aunque hubiera sido más sencillo recurrir al tequila, por ejemplo, fue una de las muchas rarezas que me impuso Eliseo Varela, como la de situar su pasado en la ciudad de Monterrey o la de escribir seriales. En cuanto al carácter ritual que acaba adquiriendo en la trama, surgió a partir de la historia misma. Los seres humanos tendemos de manera más o menos consciente a introducir en nuestras vidas ciertas rutinas que nos ayudan a orientarnos, como las referencias de un mapa.

No es la mera presencia física del licor ni sus efectos, sino la escena tantas veces repetida lo que va aglutinando lo material y cotidiano (la ceremonia de su preparación) con lo espiritual, pues se convierte en la puerta por la que escapan y se acaban enlazando los sentimientos más profundos de Eliseo y Augusto. Esta unión constituye a mi juicio el corazón mismo de la novela y por tanto el mezcal el elemento que mejor lo simboliza. Es preciso tener en cuenta, por otra parte, que no hay una sola escena entre Eliseo y Augusto que transcurra fuera de las paredes de la casa, convertida así en escenario único con el mezcal como motivo de referencia constante.

El Bar donde acude Augusto sugiere una panacea para nuestra soledad, problemas de subsistencia, angustias...

El bar La Mina constituye sin duda lo más autobiográfico que hay en las páginas de El gusano del mezcal. Conocí diversos locales en Carabanchel donde solían reunirse personas con caracteres muy parecidos a los que describo en la novela. Estoy seguro de que en cada barrio de las grandes ciudades existe más de un bar con el mismo tipo de asiduos: desheredados del sistema, ya sea por voluntad propia o como víctimas, que se resisten a perder las alegrías inconscientes de la juventud y no encuentran fácil acomodo en la sociedad. Gente a la que el cuerpo les evolucionó más deprisa que la capacidad para responsabilizarse de su propia vida y se buscan unos a otros para no sentirse tan solos. En realidad es una definición que podría usarse para otro tipo de asociaciones menos marginales, pero la finalidad es la misma: hacerse un hueco en algún lugar donde personas parecidas a ti compartan decepciones, inquietudes o alegrías. Los pueblos de antaño constituían un marco perfecto para ese tipo de relaciones próximas; en cambio, las grandes ciudades actuales están construidas a la medida de cualquier interés salvo el humanismo y esos pequeños refugios ayudan a sentirse alguien. A veces para eso basta con que te llamen por tu nombre.

Sorprende la fuerza de los dos personajes centrales de la novela, Augusto y Eliseo en contrapeso al resto de historias. ¿Por qué el culebrón del guión?

Me parece que esto exige una doble respuesta, ya que por un lado están las historias que Augusto debe contar cada día para cobrar su salario y por otro está el serial.

Sobre las historias que inventa Augusto, en efecto no tienen demasiada consistencia, pero no conviene olvidar que se trata de alguien por completo ajeno al mundo de la creación literaria y así quedan subsumidas en el cuerpo de la narración, críticas de Eliseo mediante. La historia perdería verismo si Augusto hubiese descubierto un talento natural o hubiese topado casualmente con el argumento de una gran novela. No obstante, el argumento por sí mismo nunca hace una gran novela, ¿cómo podrían explicarse entonces Rayuela, La metamorfosis, Abbadon el exterminador...?

En cuanto al serial, no estaba previsto que adquiriese tanta importancia; sin embargo, el contacto entre Augusto y Eliseo hace evolucionar a ambos, hasta el punto de trastocar la vida del primero y los planes del segundo, que al fin hace de su vida lo que siempre ha hecho en su vida, seriales de televisión, para justificar finalmente ante Augusto las decisiones tomadas. Y ante mí, que como autor asistí al serial de su vida a veces como mero transcriptor.

Se descubre el final mucho antes de terminar la lectura. ¿Por qué tan dulce, tan previsible?

Me parecía deshonesto con los personajes desnudarlos antes de tiempo y en la misma medida deshonesto con el lector ocultarle un dato decisivo para la comprensión del argumento, de modo que en esta cuestión seguí los principios de Hitchcock: el suspense consiste en que el espectador sepa que el protagonista lleva una bomba bajo el asiento sin que el protagonista sea consciente de ello. El propósito consistía en que cada lector lo descubriese en su momento y, a partir de entonces, cambiase su punto de vista sobre los personajes, sabiendo que ambos eran inconscientes de la verdadera naturaleza de la relación que los unía. El final… Bueno, a veces la vida es dura y a veces no tanto, ¿hay un final?

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